Les dimos las gracias, empujamos la barca al agua, nos metimos nosotros, nuestras provisiones que nos habían dado y nos pusimos a remar.
Al principio todo estaba tranquilo, después de que descendiéramos de una cascada; pasamos por unos rápidos que casi nos tiran, por suerte conseguimos salir sin que nos tirase la barca.
Al cabo de dos horas, llegamos cerca de un pueblo bastante tranquilo; había muchas cabañas en bastante buen estado; aunque estaban todas deshabitadas y el pueblo también; decidimos ser huéspedes de nosotros mismos.
Según estábamos buscando ramas para encender una hoguera apareció una mujer con el cuerpo tatuado; parecía un hacha con unas flores alrededor del cuello; ella nos dijo que nos fuéramos, que no éramos bienvenidos a ese poblado.
Comenzamos a adentrarnos entre la espesura y los frondosos árboles; encontramos una pequeña cueva; nosotros empezamos a adentrar y veíamos que la cueva cada vez era mucho más profundo de lo que habíamos pensado; andábamos y andábamos, parecía no tener fin; pudimos parar en una pequeña explanada que había muchos árboles frutales, nos sentamos a descansar. Mi amigo vio frutales próximos; recogió muchas manzanas; nada más dar el primer mordisco, nos transportó fuera del reino del Señor del Inframundo.
Antes del ocaso llegamos a otros países, en el que encontramos a bellas hadas que nos proporcionaban alas y manzanas; mordimos un trozo, transportándonos hasta el paraíso de la sabiduría, pues allí eran los que habían sabido llegar.
Cuando llegamos, nos preguntaron que queríamos hacer, teníamos tres opciones; seguir viviendo allí para siempre, viajar a otros países más sabios o bien ir al mundo terrrenal. Le preguntamos que si subiéramos al otro, que pasaría, nos respondió que si subíamos al siguiente, seríamos los amos del mundo terrenal y del reino del Señor del Inframundo; en el caso de que quisiéramos proseguir nuestro viaje; tendríamos que luchar, con el Señor del Inframundo. Como de momento no nos apetecía llegar a nuestras aburridas vidas; decidimos luchar.
Esta vez, nos dio armas para luchar, que fueron un anillo que lanzaba fuego, un escudo que según lo manejases podías o bien desaparecer pero permanecías en el mismo lugar o bien inmovilizarle. Además de unas poderosas rodilleras y unas sandalias con ruedas y alas. Una vez que finalizásemos con él podíamos devolverlo o no.
Para transportarnos, nos dio, unos delfines que si necesitábamos se podían convertir en fieros lobos o en rápidos caballos en un carro. Nos despedimos de ella y comenzamos nuestro viaje.
domingo, 31 de mayo de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
El Señor de los Infiernos (II)
Entonces de repente apareció un gigante que le salía las serpientes de la boca.
Le dio la orden de atacar y salieron disparadas a mordernos. Sin embargo, tuvimos la suerte de que esta vez conseguimos un palo y pudimos defendernos.
Una vez que que hubieron desaparecido, nos quedamos los palos y continuamos hasta el pueblo. Cuando llegamos, conseguimos una barca; empujamos la barca, pero antes de perdernos sentar, unos hadiz qudsí, que son unos apócrifos, eran mitad pájaro, mitad araña, nos atraparon y nos llevaron hasta el Inframundo. Entonces, vimos como los que estaban en un nivel superior, arrancaban las cabezas a los del nivel inferior; les pisaba las cabezas.
Nosotros, intentábamos agarrarnos con todas nuestras fuerzas a un hadsí qdsí, a veces nos escurríamos. A veces parecía que todo estaba perdido, pero luego conseguíamos subir.
Comenzó a anochecer y observando que todavía permanecíamos en las puertas del Inframundo, nos preguntamos,donde se encontraba el Señor; uno de ellos nos recomendó, que no lo pensáramos mucho, porque sino se presentaría; aunque intentáramos agarrarnos a ellos con todas nuestras fuerzas para no caernos, quedaríamos atrapados.
El Señor de los Inframundos, al percatarse, dio un brinco con sus ciervos y nos agarró de las piernas; intentamos soltarnos, pero no podíamos, ya que había lo hecho con mucha fuerza; para mejorar la situación, nos ató las piernas con una cuerda y para estar más seguro nos metió en un saco que traía para tal fin. Nos arrojó al carro y azuzó a los ciervos.
Cuando llegamos a su palacio que estaba construido con huesos humanos, algunos contenían restos de piel, pero la mayor parte no la tenían y había gran cantidad de cráneos humanos. Sus perros, eran lobos, otros, hombres que les había arrancado los ojos o la lengua, Segùn andábamos nos dábamos cuenta con horror de que otra zona del palacio eran huesos de dragones, o de otros animales que hubiera ido seleccionando a través de los siglos, porque este rey al ser inmortal, no dormía nunca. Cuando llegamos a las mazmorras, nos quedamos asombrados de que no fueran de hierro los barrotes, sino que eran serpientes vivas; se colocaban de tal manera que no permitían que nadie entrase o saliese. Por lo tanto, les dijo la frase para que se retirasen. Nos arrojó a una especie de lago, a veces subía el agua, otras bajaba, y tornaba de color, unas veces mugriento, otras parecía que se había teñido de color de la sangre, otros de color transparente. Horrorizados, no sabíamos como salir; decidimos que lo mejor sería intentar bucear y ver si había alguna salida y se pusieron a andar para poder escapar, pero apareció un pez gigantesco con unos colmillos como cuchillas. Aún así, lo conseguimos esquivar y salimos a flote, Luego, seguimos nadando hasta que llegamos a la orilla más cercana al pueblo donde antes avistamos la barca, Cuando llegaron, los aldeanos nos dieron agua y comida y nos dejaron la barca para que nos marchásemos porque creían que éramos unos auténticos heroes, porque todos los que entraban ninguno salía vivo de allí.
Le dio la orden de atacar y salieron disparadas a mordernos. Sin embargo, tuvimos la suerte de que esta vez conseguimos un palo y pudimos defendernos.
Una vez que que hubieron desaparecido, nos quedamos los palos y continuamos hasta el pueblo. Cuando llegamos, conseguimos una barca; empujamos la barca, pero antes de perdernos sentar, unos hadiz qudsí, que son unos apócrifos, eran mitad pájaro, mitad araña, nos atraparon y nos llevaron hasta el Inframundo. Entonces, vimos como los que estaban en un nivel superior, arrancaban las cabezas a los del nivel inferior; les pisaba las cabezas.
Nosotros, intentábamos agarrarnos con todas nuestras fuerzas a un hadsí qdsí, a veces nos escurríamos. A veces parecía que todo estaba perdido, pero luego conseguíamos subir.
Comenzó a anochecer y observando que todavía permanecíamos en las puertas del Inframundo, nos preguntamos,donde se encontraba el Señor; uno de ellos nos recomendó, que no lo pensáramos mucho, porque sino se presentaría; aunque intentáramos agarrarnos a ellos con todas nuestras fuerzas para no caernos, quedaríamos atrapados.
El Señor de los Inframundos, al percatarse, dio un brinco con sus ciervos y nos agarró de las piernas; intentamos soltarnos, pero no podíamos, ya que había lo hecho con mucha fuerza; para mejorar la situación, nos ató las piernas con una cuerda y para estar más seguro nos metió en un saco que traía para tal fin. Nos arrojó al carro y azuzó a los ciervos.
Cuando llegamos a su palacio que estaba construido con huesos humanos, algunos contenían restos de piel, pero la mayor parte no la tenían y había gran cantidad de cráneos humanos. Sus perros, eran lobos, otros, hombres que les había arrancado los ojos o la lengua, Segùn andábamos nos dábamos cuenta con horror de que otra zona del palacio eran huesos de dragones, o de otros animales que hubiera ido seleccionando a través de los siglos, porque este rey al ser inmortal, no dormía nunca. Cuando llegamos a las mazmorras, nos quedamos asombrados de que no fueran de hierro los barrotes, sino que eran serpientes vivas; se colocaban de tal manera que no permitían que nadie entrase o saliese. Por lo tanto, les dijo la frase para que se retirasen. Nos arrojó a una especie de lago, a veces subía el agua, otras bajaba, y tornaba de color, unas veces mugriento, otras parecía que se había teñido de color de la sangre, otros de color transparente. Horrorizados, no sabíamos como salir; decidimos que lo mejor sería intentar bucear y ver si había alguna salida y se pusieron a andar para poder escapar, pero apareció un pez gigantesco con unos colmillos como cuchillas. Aún así, lo conseguimos esquivar y salimos a flote, Luego, seguimos nadando hasta que llegamos a la orilla más cercana al pueblo donde antes avistamos la barca, Cuando llegaron, los aldeanos nos dieron agua y comida y nos dejaron la barca para que nos marchásemos porque creían que éramos unos auténticos heroes, porque todos los que entraban ninguno salía vivo de allí.
jueves, 28 de mayo de 2015
El Señor de los Infiernos (I)
-Estamos perdidos
-Yo creo, que el Señor de los Infiernos, está debajo de éstos árboles.
-Yo soy de la opinión que está entre estas montañas.
-De acuerdo, hagamos una apuesta. Quien pierda se quedará con él.
-Y ¿si ninguno tiene razón?
-Entonces no habrá que temer nada.
Empezaron a caminar; atravesando ríos, cascadas y montañas en el reino de Escocia, en el siglo XIII. Sin embargo, se perdieron y no se supo nada más de ellos.
Hasta ahora, porque unos expedicionarios, siguieron el camino donde se habían perdido.
-Deberíamos comenzar a conjurar, para ver donde tenemos que buscar.
-¿Has traído el libro?
-Aquí lo tengo.
-O señor de las tinieblas, indícanos donde está tu guarida.
En lugar de, el Señor de las Tinieblas, apareció un duendecillo avisándoles, de que no pronunciasen muy alto, porque aparecía con su cabellera larga y con una cinta en el pelo, con una túnica blanca y un cetro. Además le acompañaría su perro fiel compañero, que tenía los ojos rojos y que era mitad lobo; siempre enseñando los dientes y el color del animal era negro.
Intentamos dispersarnos para poder proseguir cada uno por su lado, entonces, apareció un hombre con unos músculos impresionantes, la barba hasta el pecho, rubio con ojos azules pequeños; montado en un carro de oro, tirado por dos ciervos; en la mano izquierda, portaba un rayo. Como notaba que los ciervos casi no corrían, soltó el rayo y los azuzó con el látigo para que fuesen más rápido.
Nosotros, intentábamos llegar a un poblado llena de cabañas con techo de paja y de madera, que estaba muy próximo al mar y pedir prestado una barca.
Teniendo la mala suerte, de que no nos dio tiempo el llegar porque nos alcanzó él. Nos lanzó una cuerda y nos atrapó; nos llevó a rastras, como un saco de patatas, ya que iba muy rápido por las montañas picudas.
No sabemos como conseguimos soltarnos, pero lo que si sabemos, es que según nos arrastraban, observamos a una joven hermosa, pelirroja, con una diadema de oro, con una túnica blanca y verde, con manos delicadas y un anillo de oro en el dedo meñique, acariciando la larga barba blanca de un hombre anciano que llevaba una túnica azul con rojo en las mangas, en un grueso árbol milenario, Cuando nos soltamos desaparecieron.
-Yo creo, que el Señor de los Infiernos, está debajo de éstos árboles.
-Yo soy de la opinión que está entre estas montañas.
-De acuerdo, hagamos una apuesta. Quien pierda se quedará con él.
-Y ¿si ninguno tiene razón?
-Entonces no habrá que temer nada.
Empezaron a caminar; atravesando ríos, cascadas y montañas en el reino de Escocia, en el siglo XIII. Sin embargo, se perdieron y no se supo nada más de ellos.
Hasta ahora, porque unos expedicionarios, siguieron el camino donde se habían perdido.
-Deberíamos comenzar a conjurar, para ver donde tenemos que buscar.
-¿Has traído el libro?
-Aquí lo tengo.
-O señor de las tinieblas, indícanos donde está tu guarida.
En lugar de, el Señor de las Tinieblas, apareció un duendecillo avisándoles, de que no pronunciasen muy alto, porque aparecía con su cabellera larga y con una cinta en el pelo, con una túnica blanca y un cetro. Además le acompañaría su perro fiel compañero, que tenía los ojos rojos y que era mitad lobo; siempre enseñando los dientes y el color del animal era negro.
Intentamos dispersarnos para poder proseguir cada uno por su lado, entonces, apareció un hombre con unos músculos impresionantes, la barba hasta el pecho, rubio con ojos azules pequeños; montado en un carro de oro, tirado por dos ciervos; en la mano izquierda, portaba un rayo. Como notaba que los ciervos casi no corrían, soltó el rayo y los azuzó con el látigo para que fuesen más rápido.
Nosotros, intentábamos llegar a un poblado llena de cabañas con techo de paja y de madera, que estaba muy próximo al mar y pedir prestado una barca.
Teniendo la mala suerte, de que no nos dio tiempo el llegar porque nos alcanzó él. Nos lanzó una cuerda y nos atrapó; nos llevó a rastras, como un saco de patatas, ya que iba muy rápido por las montañas picudas.
No sabemos como conseguimos soltarnos, pero lo que si sabemos, es que según nos arrastraban, observamos a una joven hermosa, pelirroja, con una diadema de oro, con una túnica blanca y verde, con manos delicadas y un anillo de oro en el dedo meñique, acariciando la larga barba blanca de un hombre anciano que llevaba una túnica azul con rojo en las mangas, en un grueso árbol milenario, Cuando nos soltamos desaparecieron.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Una noche de gatos
Ayer por la tarde, al encender la luz del garage, sentí nauseas que provenía de las rejillas del aire acondicionado; al abrirlo, saqué destrozado el cuerpo de un perro con la cara destrozada; lo tiré a la
basura. Subí al piso, me lavé las manos con agua y jabón; meditándolo decidí además desinfectarme con lejía. Hecho esto, salí a pasear y me dirigí al parque El pescador , en él, encontré a una chica de quince años borracha y semidesnuda. Seguí andando y hallé una mujer de cincuenta años que corría desnuda con un cuchillo ensangrentado y con la otra el decapitado cuerpo de un gato negro, gritando "el gato negro ha incendiado mi casa". Continué andando, esta vez el cuerpo de una niña descuartizada con un negro muerto a su lado.
Esa noche, decidí regresar pronto a casa, intenté dormir; al principio no pude dormir, cuando lo hice, soñé con gatos negros muertos alrededor; así estuve durante varios días.
Finalmente, conseguí desprenderme de " el gato negro".
basura. Subí al piso, me lavé las manos con agua y jabón; meditándolo decidí además desinfectarme con lejía. Hecho esto, salí a pasear y me dirigí al parque El pescador , en él, encontré a una chica de quince años borracha y semidesnuda. Seguí andando y hallé una mujer de cincuenta años que corría desnuda con un cuchillo ensangrentado y con la otra el decapitado cuerpo de un gato negro, gritando "el gato negro ha incendiado mi casa". Continué andando, esta vez el cuerpo de una niña descuartizada con un negro muerto a su lado.
Esa noche, decidí regresar pronto a casa, intenté dormir; al principio no pude dormir, cuando lo hice, soñé con gatos negros muertos alrededor; así estuve durante varios días.
Finalmente, conseguí desprenderme de " el gato negro".
martes, 26 de mayo de 2015
Desaparecen por arte de magia (Desenlace)
A los días, su hija pequeña, le encontraron hablando solo. Sus padres, le preguntaron que hacía hablando sola. Les respondió que mantenía una conversación con Jorge y Ana. De pronto aparecieron los dos hermanos, desapareciendo al segundo.
Esa misma tarde, la criada, se cortó las venas. No soportándolo más, vendieron la casa.
Algún tiempo después, tuvieron pesadillas, pero a la larga terminaron desapareciendo
Esa misma tarde, la criada, se cortó las venas. No soportándolo más, vendieron la casa.
Algún tiempo después, tuvieron pesadillas, pero a la larga terminaron desapareciendo
lunes, 25 de mayo de 2015
La pintura
La pintura es buena, porque el pintar un lienzo, es una buena manera de relajarte, también de poder crear, o sino simplemente de relajarte, porque es otra manera como he dicho antes de relajarte, aparte como siempre de una novela. También decir, que solo el mirar el cuadro, es otra manera también de relajarte, sobre todo si son colores fríos; o por el contrario, si estás alicaído de alegrarte. Por eso, el pintar o tener un cuadro, es algo bueno y debería la gente de pintar y tener cuadros.
Desaparecen por arte de magia (II)
A medianoche, sintió unos pasos, encendió la luz, salió al pasillo, bajó las escaleras, encendió la luz, pero tampoco, regresó a la cama.
Despertó a las doce de la mañana, a su lado, estaba tumbado su marido, a las dos, comió con su mujer, le preguntó lo que le había pasado ayer por la noche, pero no se acordaba de nada.
Esa misma noche, Isabel, sin saber como se hizo una brecha, la sangre emanaba desde la cabeza; intentaron telefonear, pero no había línea. La criada le desinfectó la herida, le dio puntos con una aguja previamente desinfectada, paró la sangre, le dio las gracias, se metió en la cama.
A la mañana siguiente, la herida se abrió de nuevo, descolgó el teléfono, pero continuaba sin línea, le volvió a desinfectar, le cosió.
A la tarde siguiente, la brecha desapareció, Llegó la hora de la cena, la niñera fue a buscar a Margarita, pero no la encontró en su lugar favorito, se le comunicó a su madre; interrumpieron la cena, buscándola por todas partes sin éxito.
Al alba, Margarita, entró en la habitación de sus padres, como si fuera un día cualquiera. Le preguntó donde se había metido y con quién, le respondió que en su lugar favorito con Jorge.
Isabel le contestó a su hija, mientras le acariciaba el pelo, que en la casa no vivía ningún Jorge. Anocheció sin ningún problema.
Despertó a las doce de la mañana, a su lado, estaba tumbado su marido, a las dos, comió con su mujer, le preguntó lo que le había pasado ayer por la noche, pero no se acordaba de nada.
Esa misma noche, Isabel, sin saber como se hizo una brecha, la sangre emanaba desde la cabeza; intentaron telefonear, pero no había línea. La criada le desinfectó la herida, le dio puntos con una aguja previamente desinfectada, paró la sangre, le dio las gracias, se metió en la cama.
A la mañana siguiente, la herida se abrió de nuevo, descolgó el teléfono, pero continuaba sin línea, le volvió a desinfectar, le cosió.
A la tarde siguiente, la brecha desapareció, Llegó la hora de la cena, la niñera fue a buscar a Margarita, pero no la encontró en su lugar favorito, se le comunicó a su madre; interrumpieron la cena, buscándola por todas partes sin éxito.
Al alba, Margarita, entró en la habitación de sus padres, como si fuera un día cualquiera. Le preguntó donde se había metido y con quién, le respondió que en su lugar favorito con Jorge.
Isabel le contestó a su hija, mientras le acariciaba el pelo, que en la casa no vivía ningún Jorge. Anocheció sin ningún problema.
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