Era uno de estos días que parecía más verano que primavera, uno de estos días en los que, apetece más estar bajo el frescor del aire acondicionado que en la calle.
En mi caso, me encontraba en el campo con mis amigos, habíamos decidido ir al río. Nos bañamos hasta la hora de la comida.
Durante el trayecto de regreso de mi casa observé un libro antiguo, lo cogí y me lo llevé a casa.
Mientras comíamos, escuché una voz que decía que me acercase, que era el elegido. Terminada la comida, me marché a pescar al río con mis amigos.
Por la noche, cuando ya estaba bastante oscuro, me dirigí a casa con mi cargamento, como al mediodía escuché lo mismo; pero tampoco hice caso.
Cuando dormía continuó llamándome, así pues, me levanté, abrí el libro, en la primera hoja, solo ponía, ve al hospital abandonado de Navacerrada, allí encontrarás un juego de cartas.
Como tenía curiosidad, les dije a mis amigos de acercarnos al hospital abandonado de Navacerrada. Nada más entrar al hospital, me encontré la baraja de cartas, al lado la caja, seguramente de la baraja que ponía, ahora, sal de aquí y ve, al río Duratón. Estuvimos todo el día en Navacerrada.
Cuando desapareció el día, fuimos a casa, mientras cenaba, me decía, vete al cauce del río Duratón. Prosiguió cuando dormía.
Al día siguiente, fuimos al cauce del río Duratón. Encontré una cesta, que estaba en pésimas condiciones, la abrí una de las tapas, cogí una servilleta de papel que ponía, ahora introducete en el río.
Lo hice y ahora no puedo salir, porque me dice, esto es lo que ocurre a los que meten la nariz donde nadie te llama.
domingo, 5 de julio de 2015
viernes, 3 de julio de 2015
En Otro mundo
En la época del primer califa andaluz Abd al-Rahaman III, convivían árabes, mozárabes y cristianos, dispuestos en distintos barrios y según sus oficios.
Por ley, estaba prohibido la unión de matrimonios de distintas razas, para evitar así la sangre de un árabe con un infiel.
Sin embargo, el califa ajeno al cambio de rumbo, no pudo darse cuenta de su error al dejar a su joven hija, que deambulara por palacio, para explicaros mejor la situación, contaré, que Azahara, la joven hija y la más hermosa de todas las que tenía, estaba sola sin su dama de compañía en el jardín, sin su velo. Cuando un mercader cristiano, se enamoró de ella.
A la noche siguiente, el joven mercader, regresó al palacio, sin saber como, consiguió llegar a las habitaciones de la princesa, debido a que estaba muy bien vigilada.
Ella, que estaba muy enamorada, se fugaron por el pasadizo secreto que tenía en la habitación.
El soldado que vigilaba su habitación, se dio cuenta y les siguió. Enseguida llamó a los soldados y les franquearon el paso, ellos, tan jóvenes y enamorados, decidieron en suicidarse, así pues, tomaron un veneno. Los soldados que no lo sabían, los arrestaron, los llevaron ante el califa. Cuando él quiso juzgarlos, sus corazones ya viajaban a otro mundo.
Por ley, estaba prohibido la unión de matrimonios de distintas razas, para evitar así la sangre de un árabe con un infiel.
Sin embargo, el califa ajeno al cambio de rumbo, no pudo darse cuenta de su error al dejar a su joven hija, que deambulara por palacio, para explicaros mejor la situación, contaré, que Azahara, la joven hija y la más hermosa de todas las que tenía, estaba sola sin su dama de compañía en el jardín, sin su velo. Cuando un mercader cristiano, se enamoró de ella.
A la noche siguiente, el joven mercader, regresó al palacio, sin saber como, consiguió llegar a las habitaciones de la princesa, debido a que estaba muy bien vigilada.
Ella, que estaba muy enamorada, se fugaron por el pasadizo secreto que tenía en la habitación.
El soldado que vigilaba su habitación, se dio cuenta y les siguió. Enseguida llamó a los soldados y les franquearon el paso, ellos, tan jóvenes y enamorados, decidieron en suicidarse, así pues, tomaron un veneno. Los soldados que no lo sabían, los arrestaron, los llevaron ante el califa. Cuando él quiso juzgarlos, sus corazones ya viajaban a otro mundo.
Le llamaré cuando regresé
Era una noche de verano, fresca, pero de verano, una noche de las que son irrepetibles, al menos para mí, que soy una persona muy insegura, eso al menos para mí. Mis padres me hubieran asegurado o a otra persona si les hubiese preguntado, hubieran respondido que soy insegura, si les hubiese dicho que había estado saliendo con un chico de dieciséis años, pero que le dejé a los pocos meses, porque no estaba segura de continuar. Para mí fue maravilloso, aunque en ese momento no me di cuenta.
Como todavía no sabía donde iríamos a cenar, me quedé absorta mirando las suaves olas del mar, la luna parecía que susurraba, tienes que proseguir la relación, acuérdate de como te cogía de la mano, como te besaba. Así pues, decidí que cuando regresase, le llamaría par volver
Como todavía no sabía donde iríamos a cenar, me quedé absorta mirando las suaves olas del mar, la luna parecía que susurraba, tienes que proseguir la relación, acuérdate de como te cogía de la mano, como te besaba. Así pues, decidí que cuando regresase, le llamaría par volver
jueves, 2 de julio de 2015
La Guarida salvaje (fin)
Esta vez fue durante cinco minutos, como antes, salí pensando de nuevo que podía salir a la claridad del día, pero allí encontré a una persona, por llamarlo de alguna manera, preparando la comida. La cual consistía, en un cuerpo de un hombre de unos cuarenta años, obeso. Después de arrojar la cabeza, lo sazonó con pimienta y lo puso a asar. Mientras pelaba unas patatas, se servía vino o eso pensaba yo. Diciéndose, "esta carne es buena, no la porquería que venden en el super. Horrorizada, desanduve silenciosamente hasta que llegué al agua y me sumergí.
A la cuarta vez, conseguí la salida y lo más importante, no me había visto y me encontraba perfectamente; estuve paseando durante un rato por los parajes para tranquilizarme a la luz radiante del sol, antes de buscar a mis padres para comer.
A la media hora, me tranquilicé, me dirigí al pueblo, estuve andando hasta que los vi y me dirigí hacia ellos; por suerte no habían notado mi ausencia. Visitamos museos, y por ese día no tuve ningún deseo más de ninguna aventura
A la cuarta vez, conseguí la salida y lo más importante, no me había visto y me encontraba perfectamente; estuve paseando durante un rato por los parajes para tranquilizarme a la luz radiante del sol, antes de buscar a mis padres para comer.
A la media hora, me tranquilicé, me dirigí al pueblo, estuve andando hasta que los vi y me dirigí hacia ellos; por suerte no habían notado mi ausencia. Visitamos museos, y por ese día no tuve ningún deseo más de ninguna aventura
martes, 30 de junio de 2015
La Guarida salvaje (III)
Aunque parecía que estaba próximo tardó media hora en llegar. Una vez que hube llegado, me aproximé a lo que hizo de orilla para poder salir. En cuanto salí me encontré con el cadáver de una persona muerta o más bien mutilada. Vomité, pero continué andando unos metros más, encontré una hoguera. Giré por el túnel de la derecha, al entrar de frente, estaba colgado cuerpos humanos; salí de allí con el estómago revuelto. Andaba, pero parecía que daba vueltas y no iba a ninguna parte. Me sumergí de nuevo en el agua, nadé, sacando de vez en cuando la cabeza.
Al rato, llegué a lo que parecía la salida, salí sin ningún problema; al salir, me encontré con una puerta de madera cerrada; de nuevo tuve que dar vueltas. Como la anterior vez me sumergí.
Al rato, llegué a lo que parecía la salida, salí sin ningún problema; al salir, me encontré con una puerta de madera cerrada; de nuevo tuve que dar vueltas. Como la anterior vez me sumergí.
lunes, 29 de junio de 2015
La Guarida de un salvaje (II)
Continué andando alejándome del camino inicial, cuando ya no sabía donde andar, observé a lo lejos una entrada, entré encontrándome para mi horror, numerosos cadáveres de animales muertos con sangre de estos; escrita en la pared, "alejaros, porque primero serán los animales pero después seréis vosotros".
Intenté regresar, pero no no podía, sino que continué internándome más. Continué por el lado derecho, como noté la luz del sol, me dirigí hacia allí; iba a dar otro paso, cuando me encontré de enfrente con el acantilado; quise dar marcha atrás, pero alguien tapió la entrada con alguna madera, quedándome atrapada. Como era buena escaladora, tenía pantalones, unas zapatillas deportivas. Me puse a escalar, a mitad de camino, puse el pie en una hendidura en el comienzo del túnel para descansar, entré para probar suerte, estaba llegando al final de la entrada cuando tuve que pasar por encima de un animal muerto y de unos huesos que no tenía muy claro si eran de personas o no. Al salir de allí, me topé con unos escalones encharcados de agua que caía de arriba. Nada más poner el pie en el primer escalón, sentí que el agua me empezaba a empapar porque cada vez caía el agua con más fuerza, con tal fuerza y de tal manera, que formó un lago, por suerte, había cogido aire antes de que me sumergiese el agua.
A la media hora de nadar, observé un túnel subterráneo. Me dirigí allí, sacando de vez en cuando la cabeza.
Intenté regresar, pero no no podía, sino que continué internándome más. Continué por el lado derecho, como noté la luz del sol, me dirigí hacia allí; iba a dar otro paso, cuando me encontré de enfrente con el acantilado; quise dar marcha atrás, pero alguien tapió la entrada con alguna madera, quedándome atrapada. Como era buena escaladora, tenía pantalones, unas zapatillas deportivas. Me puse a escalar, a mitad de camino, puse el pie en una hendidura en el comienzo del túnel para descansar, entré para probar suerte, estaba llegando al final de la entrada cuando tuve que pasar por encima de un animal muerto y de unos huesos que no tenía muy claro si eran de personas o no. Al salir de allí, me topé con unos escalones encharcados de agua que caía de arriba. Nada más poner el pie en el primer escalón, sentí que el agua me empezaba a empapar porque cada vez caía el agua con más fuerza, con tal fuerza y de tal manera, que formó un lago, por suerte, había cogido aire antes de que me sumergiese el agua.
A la media hora de nadar, observé un túnel subterráneo. Me dirigí allí, sacando de vez en cuando la cabeza.
domingo, 28 de junio de 2015
La Guarida de un salvaje (I)
Como todos los años, nos fuimos a veranear a Rocodomar, porque a mis padres, les llamaba la atención la cantidad de desfiladeros, las murallas, el bosque y que las casas permanecieran alojadas en lo alto de las montañas y de las rocas, aunque para ver el castillo teníamos que subir las exageradas escaleras, que parecía que en lugar de acercarte te alejabas más.
En uno de esos viajes, decidí alejarme de mis padres porque estaba cansada a mis dieciséis años de tener que permanecer todo el santo día con ellos. Decidí , pues, adentrarme en la sierra, por un camino de gravilla, dejando a un lado el acantilado y el agua estancada, que parecía llamarme sin interrupción. Con el calor pegándose en mis talones encontré una gruta con distintos niveles por el roce del agua por sus interminables caídas.
En uno de esos viajes, decidí alejarme de mis padres porque estaba cansada a mis dieciséis años de tener que permanecer todo el santo día con ellos. Decidí , pues, adentrarme en la sierra, por un camino de gravilla, dejando a un lado el acantilado y el agua estancada, que parecía llamarme sin interrupción. Con el calor pegándose en mis talones encontré una gruta con distintos niveles por el roce del agua por sus interminables caídas.
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