miércoles, 20 de diciembre de 2017

Para que vayáis celebrando la Navidad, unos días antes. ¡ Feliz Navidad!

Miguel Tose

Miguel Tose, era un muñeco, que dependiendo de lo que desease las personas, o para ser más exactos, los niños, así era. Cómo no podía ser de otro modo, sólo aparecía el día de Navidad. Natalia, de nueve años, pidió a Papá Noel, que Miguel Tose, le entregase una muñeca de trapo. Papá Noel, le mandó, convertido en un niño con unos brazos largos y con pulseras en los brazos de colores, a la dirección que le había puesto la niña. Sin embargo en la casa de al lado, Miguel Tose, se convirtió de nuevo en el muñeco de plástico que se vendían en todas las jugueterías. En una de las casas, en la cual, había comprado a Miguel Tose, el niño de diez años, le sentó a su lado y le puso un coche de juguete para que jugase con él, porque era hijo único. Miguel Tose, dejó el juguete porque no le apetecía, él le preguntó porqué no jugaban a los indios, ya que los coches le cansaban. Pedrito, fue corriendo a la habitación de sus padres a decírselo, pero sus padres no le creyeron,y como ya era hora de levantarse, animaron a su hijo a que desayunase su chocolate con churros. Después de desayunar,intentó jugar con él, pero como ya no eran fechas navideñas, la magia de Miguel Tose desapareció hasta el año siguiente.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

III

Esa misma noche, preparó las chuletas, para los próximos exámenes. A los dos meses, los padres de Matthew, le volvieron a castigar sin paga y sin móvil. Como el suyo se lo habían confiscado y el que había robado se le había roto, preparó el siguiente robo. Decidido, buscó a otro chico de unos veinte años o treinta años; pero todos los que seguía no merecían ni tampoco las chicas. Al final, no le quedó más remedio que meterse en un piso de un hombre de cuarenta años. Lo había seleccionado, porque vivía solo, no era corpulento, no tenía ninguna alarma y podía llevarse el móvil con suma facilidad. Para no levantar sospechas, apuntó todo, en una pequeña libreta y regresó a casa. Al llegar, se puso a estudiar para el próximo examen. A la semana siguiente, aprobó el examen, pero sus padres, que no estaban convencidos, le permitieron, unos minutos utilizar el ordenador. El viernes de la semana siguiente, sus padres le obligaron a que se quedase a estudiar, para el examen del martes de biología. Para cerciorarse, se quedaron ellos en casa. El sábado, se vistió sigilosamente muy temprano, llevando como el primer golpe; cerró la puerta de su habitación con mucha precaución, sacó el juego de llaves, que tenía de reserva; abrió la puerta de entrada. Aprovechando que era muy temprano y que sus padres estaban durmiendo, se fue al lugar.

domingo, 26 de noviembre de 2017

II

Al salir, el hombre le colocó una rosa roja y una nota, comentándola, que estaba muy contento de haberla conocido, pero que no le llamase, que no quería saber nada más de ella. Que si lo hacía, tomaría represalias con ella y con sus seres queridos. Esa misma tarde, quedó con sus amigos, después de haber robado a la joven que la verdad; no merecía ninguna compasión, ni por la vía romántica ni de la amistad, era un espárrago mal hecho, pero como se suele decir, tiene que haber de todo. Después de haber cambiado el pin y de haber llamado para que cambiase el titular, se fue de marcha para salir de fiesta. Sus padres, le habían castigado porque había suspendido y estaba repitiendo; pero él no se amilanaba, no, él, se escapaba en cuanto podía, o para ser más exactos, cuando se marchaban. Como ellos se llevaban su móvil, no tenía otra opción que robar; para que aprendiesen que ellos no tenían la última palabra. Se creían que con dieciséis años, podían decirle lo que tenían que hacer. Se fueron a un bar que acababan de abrir; lo habían decorado, como si fuesen coches de carreras. Los camareros, vestidos con monos de piloto y los vasos en forma de coche. Después de varias rondas de cerveza y de chupitos de ron blanco. Cada uno se marchó a su casa, teniendo la suerte de que Matthew, al llegar a casa, tuvo la suerte de que no había llegado

viernes, 24 de noviembre de 2017

Un Nuevo Ladrón

Por la noche, oí un susurro, al lado de mi cama, con miedo, encendí la luz de la mesilla de noche, mientras sudaba, y eso que era invierno y no tenía la calefacción muy alta. Me calcé las zapatillas de flores y me puse una bata rosa, que raramente me ponía, ya que no era friolera. Al dejar la habitación con la luz encendida, me encaminé a mis veinte años, a la vieja cocina de bombona; en la cual mis abuelos habían estado sentados en la mesa de madera plegable, tomando el café recién hecho de la cafetera de metal, que ponía en el fogón de hierro y que encendía, con las cerillas. Al encender la luz que siempre parpadeaba del estrecho y oscuro pasillo, no sucedió nada. En la minúscula cocina tampoco había nadie. Dejando las tres luces encendidas. Me dirigí con la sartén al servicio, aunque dudaba que alguien se pudiese esconder nadie. Cómo cabría esperar, no había nadie. En el salón me encontré una mano encima de mi reposabrazos del sillón orejero con estampados florales. Me dirigí esta vez con los pies descalzos hasta la entrada, pero la persona estaba detrás de mí y colocó un cuchillo en el cuello. Me obligó a que le diese el dinero, pero no satisfecho, me robó el smartphon y se llevó mi portátil. Me clavó un puñal en la pierna; permitiendo que me desangrase y sin quitarse la careta que llevaba.

lunes, 28 de agosto de 2017

El hombre iba a dar la voz de alarma , cuando le golpearon y le cortaron la garganta. Se llevaron a rastras los baúles al barco; por último mataron al primer hombre; cuando estaba a punto de llegar al mercado; mató al último hombre. Los ocultó en una hilera de palmeras que eran bastante frondosas. Siguieron ascendiendo hasta que llegaron a las afueras del pueblo; como de momento necesitaban más gente, vendieron a los hombres y se quedaron con las mujeres.

viernes, 25 de agosto de 2017

Durmieron en el barco, comieron las provisiones que había. Una de las marineras, se percató de que llegaba un barco; cogieron las armas y esperaron hasta que desembarcaron. Comprobaron que tenía esclavos. Bajaron del barco, muy despacio, una vez en tierra, se dirigieron hacia donde estaban los hombres que tiraban de los esclavos para venderlos. El hombre que iba el último para vigilar a los presos; una de las marineras, le cortó el cuello. Con cautela, se deslizaron hasta coger por sorpresa al otro hombre que llevaba las telas.